Rojo y blanco
Rojo y blanco Pocos días después, el señor Leuwen oyó en la sociedad el rumor que atribuía a su hijo ideas saint-simonianas. Inmediatamente, y sin que lo supiera Luciano, rogó al señor de Vaize que le acompañara y presentara a su colega el ministro de Asuntos Exteriores.
—¿Y por qué, amigo mío?
—Desearía dejar a Su Excelencia el placer de la sorpresa.
Durante el trayecto, mientras se dirigían a aquella audiencia, el señor Leuwen gastó bromas sobre la curiosidad de su amigo el ministro.
Empezó parodiando con tono muy poco serio la conversación que sostendría con Su Excelencia el ministro de Asuntos Exteriores.