Rojo y blanco
Rojo y blanco —Tú tienes una gran pasión. (Luciano palideció). ¡Vaya!, eres muy feliz por ello: ¡alguien se preocupa por ti! Solamente se trata de adivinar el objeto de ella. No te pregunto nada, pero pronto te diré de quién son los lindos ojos que te han privado de alegrÃa. ¡Afortunado Luciano, la gente habla de ti! ¡Ah, gran Dios! ¡Cuán feliz se debe ser teniendo un padre que puede dar cenas, que tiene amistad con el señor Pozzo di Borgo y que se codea con la alta diplomacia! Si yo tuviera un padre asÃ, serÃa durante todo este invierno un héroe de la amistad, y la muerte de Descors en mis brazos me serÃa mucho más útil que su vida. A falta de un padre como el tuyo, hago milagros, y nada de esto tiene importancia, o si la tiene, es únicamente para que me califiquen de intrigante.
Luciano encontró el mismo rumor en casa de tres ancianas damas, antiguas amigas de su madre, que tenÃan salones de segundo orden y en los cuales era recibido con afecto y amistad.
Desbacs, al cual dio exprofeso algunas libertades para que hablara de cosas no relacionadas con los negocios, le declaró que las personas mejor instruidas se referÃan a él como un joven destinado a las cosas más importantes, pero que se hallaba frenado en los asuntos del mundo por una gran pasión.