Rojo y blanco
Rojo y blanco El señor Leuwen estaba pensando en las señoritas de Thémines y Toniel, ambas amigas suyas desde hacía veinte años, y las dos lo eran, a su vez, de la señora Grandet. Desde hacía muchos años, se cuidaba de administrar la fortuna de la señora de Thémines; esto constituye en París un servicio importante y por el cual no tiene límites el agradecimiento, ya que a continuación de la derrota de las dignidades y de la nobleza de cuna, la cosa más fundamental de la sociedad ha resultado ser el dinero, y el dinero sin inquietudes es la más bella de las cosas. Les pidió que le informaran sobre el estado sentimental de la señora Grandet.