Rojo y blanco

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Todas aquellas posibilidades, todos aquellos partidos, ocupaban sucesivamente su pensamiento y la agobiaban con su peso, ya que poseía más perseverancia y valor que inteligencia. No sabía hacer que la gente la ayudara; tenía, ciertamente, dos amigas, las señoras de Thémines y Toniel, pero no les hacía confidencias más que sobre una parte de sus proyectos, de los proyectos que le quitaban el sueño. Muchas de las ideas que hemos mencionado y otras aún más brillantes cuya posibilidad se había imaginado, estaban fuera de toda probabilidad.

Cuando le fue presentado Luciano, éste la encontró haciendo de señora de Staël, y de ahí su desagrado por el charlataneo espantoso a propósito de todo cuanto la rodeaba.

Un poco antes del viaje de Luciano a Nancy, la señora Grandet no veía presentarse nada para la puesta en ejecución de sus grandes proyectos, y se decía:

«¿No sería conveniente, sin perder ninguna de las ventajas actuales, y una gran oportunidad para distinguirme, inspirar algún amor, célebre por el infortunio del enamorado? ¿No seria magnífico, en todos los aspectos, que un hombre admirable tuviera que irse a América, por ejemplo, para olvidarse de mí, de mí, que no le concedería ni un instante de atención?».


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