Rojo y blanco
Rojo y blanco Después de haber buscado inútilmente en las dependencias del ministerio, Luciano se acordó de un antiguo alumno de la Escuela Politécnica, muchacho muy callado, taciturno, que habÃa querido hacerse fabricante, y porque tenÃa conocimientos superiores, habÃa creÃdo poseer también los inferiores. Dicho muchacho, apellidado Coffe, el más taciturno de la Escuela, le costó ochenta luises al ministro, ya que Luciano le encontró en Saint Pélagie, de donde no pudo sacarle más que dando un anticipo a los acreedores; pero se comprometió a trabajar por diez y lo más importante era que podÃa hablarse en su presencia con completa seguridad. Semejante ayuda le permitió a Leuwen ausentarse del despacho, si era preciso, un cuarto de hora.
Ocho dÃas más tarde, el conde de Vaize recibió cinco o seis denuncias anónimas contra Coffe; pero desde la salida de éste de Saint-Pélagie, le habÃa puesto, a pesar suyo, bajo la vigilancia de Crapart, el jefe de policÃa del ministerio. Se demostró que Coffe no tenÃa ninguna relación con los periódicos liberales y en cuanto a sus pretendidas relaciones con los comités partidarios de Enrique V, el ministro se rió de ellas con el propio Coffe.
—Entrégueles algunos luises; me es completamente indiferente —dijo al nuevo funcionario, que encontró la salida del ministro muy rara, ya que por casualidad era un hombre muy honesto.