Rojo y blanco
Rojo y blanco —La misa no era en el siglo V —decÃa—, más que una reunión donde se comÃa pan en común en memoria de Jesucristo. Era como una especie de té de las personas bienpensantes. No cabÃa en la mente de nadie que constituyera ningún acto serio, diferente a cualquier acción corriente y, mucho menos, que se tratara de un milagro transformando el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de nuestro Salvador. Aquel té de los primitivos cristianos fue adquiriendo importancia hasta llegar a establecerse la idea actual de la misa.
—Pero, ¡gran Dios!, ¿dónde puede usted ver lo que dice? —exclamó la señora Grandet aterrorizada—; aparentemente, en algunos de vuestros autores alemanes, de ordinario tan amigos de las ideas misteriosas y sublimes, y por ello tan queridos de las personas bienpensantes. Algunos se han separado del verdadero camino y su idioma, desgraciadamente tan poco conocido por mis frÃvolos compatriotas, les pone al abrigo de cualquier refutación.