Rojo y blanco
Rojo y blanco —Ningún favor tengo que pedir a los hombres, ya sean gobernantes, o gobernados —decÃa a veces el señor Leuwen en su salón—. Lo único que me interesa de ellos es su bolsa, y a mà me corresponde demostrarles, por la mañana, en mi oficina, que su interés y el mÃo son los mismos. Fuera de allÃ, sólo tengo un interés: descansar y reÃrme de los estúpidos, ya se hallen situados en un trono o en el barro. Asà pues, si es que pueden, tienen ustedes permiso path burlarse de mà también.
Durante toda la mañana del dÃa siguiente, Luciano trabajó en el intento de ver claro en un asunto referente a unas denuncias sobre Argel hechas por un tal señor Gandin. El rey habÃa pedido al señor conde de Vaize una opinión motivada, y éste se habÃa sentido muy halagado con la distinción, pues era un asunto perteneciente más bien al ramo de Guerra. HabÃa pasado casi toda la noche ocupado en aquella cuestión y después hizo llamar a su secretario.