Rojo y blanco
Rojo y blanco —Se trata de dos cosas, mi querido ayuda de campo —prosiguió en voz alta—; ir a oponerse a Champagnier, en el departamento del Cher, en el cual su padre de usted posee extensas propiedades, hablar con los hombres de negocios de la región y, por medio de su ayuda, averiguar qué es lo que hace tan incierta la elección del señor Blondeau. El prefecto, señor de Riquebourg, es un hombre capaz, bastante devoto y muy afecto a nosotros, pero no confÃo en él para que pueda resolver este asunto. Será usted portador de una credencial, tendrá el dinero que necesite para distribuirlo por las orillas del Loire y además podrá disponer de la concesión de tres estancos. Creo que también de dos puestos en la oficina de Correos. El ministro de Hacienda todavÃa no me ha contestado a este respecto, pero se lo comunicaré a usted por telégrafo. Es más, quedará usted autorizado para poder destituir, o poco menos, a quien considere oportuno. Es usted prudente y me consta que hará uso de todos estos derechos con discreción. Actúe cerca de la antigua nobleza y del clero: entre ellos y nosotros no hay otra diferencia que la vida de un niño. No tenga piedad alguno con los republicanos, sobre todo con los jóvenes que han recibido instrucción y no tienen de qué vivir. El Mont-Saint-Michel no alberga todavÃa a todos los que merecen estar allÃ. Le consta a usted que nuestras oficinas están llenas de espÃas, de modo que las cosas importantes me las escribirá a casa de su padre, donde yo las recogeré.