Rojo y blanco
Rojo y blanco El prefecto, señor de Riquebourg, les recibió con un gorro de algodón, mientras comía una tortilla, sólo en su despacho, en una pequeña mesa redonda. Llamó a Marion, su cocinera, con la cual discutió calmosamente sobre lo que quedaba en la despensa y lo que podría hacerse, lo antes posible, para que aquellos caballeros cenaran.
—Llevan diecinueve leguas en su estómago —dijo a la cocinera, haciendo alusión a la distancia recorrida por los viajeros desde su comida en Blois.
En cuanto hubo salido la cocinera, continuó: