Rojo y blanco
Rojo y blanco —Pero, señor, ¿no ha escrito usted en tal sentido al ministro? ¿Se trata, me parece, de la destitución de una empleada de la oficina de correos?
—¿De la señora Durand, la suegra del señor Duchadeau? ¡Vaya! ¡Pobre mujer! No piensa como se deberÃa pensar, es cierto, y su destitución, si llegara a tiempo, harÃa sentir miedo a dos o tres funcionarios del distrito de Tourville, uno de los cuales es su yerno y los otros dos primos suyos. Pero no son estas gentes las que me preocupan; se trata de Meylan donde, como acabo de tener el honor de enseñarles en mi mapa electoral, tenemos una mayorÃa en contra de veintisiete votos por lo menos.
—Señor, tengo en mi cartera las copias de sus cartas. Si no estoy equivocado, usted no le ha dicho ni una sola palabra al ministro sobre el distrito de Meylan.