Rojo y blanco
Rojo y blanco —Por medio del excelente Chauveau, el secretario general de Nantes, Ãntimo amigo mÃo. Deben saber que la lÃnea telegráfica de Nantes pasa a menos de dos leguas de aquÃ, y Chauveau, que sabe que la elección en este departamento empieza el dÃa 23, esperará, el 23 por la tarde o el 24 por la mañana, alguna indicación mÃa. Una vez que el señor Malot se le haya subido la mosca a la oreja en lo referente a sus existencias en Nantes, me pongo el uniforme de gala y voy a dar una vuelta por el convento de las Ursulinas, que es donde tendrá lugar la elección. Ausente Malot, no tendré ninguna duda en dirigir la palabra a los electores campesinos y —añadió el señor de Roquebourg bajando extraordinariamente la voz—, si el presidente del colegio electoral es funcionario público, aunque sea liberal, entrego a mis electores algunas papeletas en las que haya escrito: Jean-Pierre Blondeau, propietario de fundición. De esta manera puedo ganar fácilmente diez votos. Los electores, al saber que Malot se halla a punto de quebrar…
—¡Cómo! ¿Quebrar? —exclamó Leuwen frunciendo el entrecejo.