Rojo y blanco
Rojo y blanco —¡Cómo, señor!, la república avanza como un rÃo que está a punto de salirse de madre. El dique contra esta riada que se llevarÃa nuestras cabezas e incendiarÃa nuestras casas es el rey, caballero, únicamente el rey. Hay que fortificar la autoridad. ¡Mala suerte para la casa que hay que derribar a fin de poder salvar a todas las demás! Yo, señores, cuando está presente el interés del rey, todas las demás cosas me importan menos que un par de huevos fritos.
—¡Bravo, señor prefecto, mil veces bravo! Sic itur as ostra, es decir, al Consejo de Estado.