Rojo y blanco
Rojo y blanco Leuwen sentía verdadero horror a cuanto pudiera ser tomado como una falta de consideración. Se vistió a toda prisa y fue corriendo a recibir a los catorce funcionarios. Quedó aterrado de la estupidez de los mismos, de su falta de ideas y de la actitud de adoración que adoptaban hacia él.
«¡Si hubiera sido el príncipe real, no habrían saludado con tanta bajeza!».
Quedó muy extrañado cuando Coffe le dijo:
—Están descontentos contigo, te han encentrado demasiada altivez.
—¿Altivez? —replicó Leuwen extrañado.
—Sin duda. Les has expuesto algunas ideas y ellos no te han comprendido. Has demostrado excesiva inteligencia para que te pudieran comprender unos animales como éstos. Tiras tus redes demasiado altas. Espera ver caras serias durante el almuerzo y en la cena. Vas a ver a las señoritas de Roquebourg.
La realidad sobrepasó todas las previsiones. Leuwen tuvo un momento para decir a Coffe:
—Son como modistillas que acaban de ganar cuarenta mil francos a la lotería.