Rojo y blanco

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Al día siguiente, a las siete de la mañana, el prefecto hizo pedir audiencia a Leuwen para presentarle el trabajo redactado referente a las destituciones. El señor de Roquebourg solicitaba siete de ellas, y Leuwen tuvo muchas dificultades para lograr que accediese a reducirlas a cuatro.

El prefecto, que hasta entonces se había mostrado humilde hasta el servilismo, quiso adoptar por primera vez un tono firme y mencionó la responsabilidad en que Leuwen incurría, a lo que éste replicó con una impertinencia, terminando por negarse a asistir a la comida que el prefecto había hecho preparar para las dos, un almuerzo al que estaban invitados únicamente los íntimos, tan sólo diecisiete personas. Leuwen fue a hacer una visita a la señora de Roquebourg y salió de la prefectura, exactamente, a las doce del mediodía, tal como establecían las instrucciones ministeriales que se encargó hacer por escrito, y sin permitir al prefecto que volviera a entrar en materia.

Por suerte para los viajeros, la carretera atravesaba una serie de colinas, de forma que pudieron hacer dos leguas a pie, con gran escándalo del postillón.



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