Rojo y blanco
Rojo y blanco Aquella espantosa actividad de treinta y seis horas, había dejado muy atrás el recuerdo de los insultos y del barro de Biois. El coche había sido lavado y cepillado dos veces, pero al introducir la mano en un bolsillo para sacar el itinerario fijado por el señor de Vaize, Leuwen lo encontró lleno de barro todavía húmedo y la nota completamente borrada.