Rojo y blanco
Rojo y blanco —Hemos cumplido con nuestro deber de funcionarios, tal como se entiende en ParÃs —dijo Coffe a su compañero mientras subÃan nuevamente al coche.
Dos horas más tarde, en medio de la oscuridad de la noche, se encontraron con el correo, al que rogaron se detuviera. Éste se enfadó y quiso mostrarse insolente, pero pronto tuvo que verse pidiendo perdón al señor comisario extraordinario, después de que Coffe, con su tono seco y áspero, le dio a conocer el nombre y condición del personaje que le entregaba los despachos. Tuvieron necesidad de redactar un atestado de todo lo sucedido.
Al tercer dÃa, sobre el mediodÃa, nuestros viajeros pudieron ver en el horizonte los puntiagudos campanarios de Caen, capital del departamento de…, donde tanto se temÃa la elección del señor Mairobert.
—Ahà está —dijo Coffe.
La alegrÃa desapareció de Leuwen inmediatamente; y volviéndose hacia Coffe con un profundo suspiro, exclamó:
—Pienso en voz alta contigo, mi querido Coffe. He bebido hasta las heces el cáliz de mi vergüenza, me has visto llorar… ¿Qué nueva infamia deberé cometer aqu�
—Bórrate a ti mismo, limÃtate a secundar las medidas adoptadas por el prefecto y trabaja en el asunto con menos intensidad.