Rojo y blanco
Rojo y blanco —No están mal —dijo Leuwen—. Escribe bastante bien.
—¡Qué énfasis! ¡Qué vulgar imitación del estilo del señor de Chateaubriand! Las palabras se apartan continuamente de su sentido natural, de su acepción común.
Aquellos señores fueron interrumpidos por un agente de policÃa, el cual, con una sonrisa falsa y al tiempo que hacÃa muchas preguntas, les entregó dos libelos en 8.º.
—¡Esto es lujo! Se ve el dinero de los contribuyentes —dijo Coffe—. ApostarÃa algo a que se trata de un panfleto editado con gusto.
—¡Ah, pardiez, es el nuestro! —exclamó Leuwen—. El que perdimos en Blois; es Torpet puro.
Se pusieron a leer los artÃculos que en otro tiempo hacÃan brillar, en el Globe, el nombre del señor Boucaut de Séranville.
—Vayamos a ver a este renegado —dijo Leuwen.