Rojo y blanco
Rojo y blanco Un criado vestido con rara elegancia en provincias, les introdujo en un salón perfectamente decorado y amueblado. Adornaban la estancia los retratos al óleo de todos los miembros de la familia real, y no hubiera hecho mal papel en la más elegante casa de París.
—Este renegado nos hará esperar diez minutos. Vista nuestra posición, la suya y sus grandes e importantes ocupaciones, se puede considerar normal.
—He traído conmigo el libelo en 18.º compuesto con sus artículos. Si nos hace esperar más de cinco minutos, cuando llegue me encontrará enfrascado en la lectura de sus obras.
Se estaban calentando cerca de la chimenea, cuando Leuwen vio en el reloj de pared que los cinco minutos de espera que había concedido a su visitado habían transcurrido con exceso. Se sentó en un sillón que daba la espalda a la puerta de entrada, y continuó la conversación con Coffe, teniendo en la mano el libelo en 18.º encuadernado con cartón rojo.