Rojo y blanco

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Habitualmente, Luciano hubiera podido perfectamente pasearse por Nancy manteniendo su incógnito; pero aquel día, toda la sociedad, la alta, la baja y la media, estaba excitada; la llegada de un regimiento constituye, en provincias, un gran acontecimiento. París no tiene idea de tal sensación, ni tampoco de otras muchas. Con la llegada de un regimiento, los comerciantes sueñan ya con la fortuna de sus establecimientos, y las respetables madres de familia, en el matrimonio de una de sus hijas; hay que atraer a la parroquia. La nobleza se dice: «En este regimiento ¿hay algún apellido aristocrático?». El clero se pregunta: «Todos estos soldados ¿han hecho ya su primera comunión?». Una primera comunión de un centenar de súbditos causaría buen efecto en el señor obispo. El mundo de las modistillas es agitado por sensaciones mucho menos profundas que las de los ministros del Señor, pero quizá más vivas.

Durante el transcurso de aquel primer paseo de Luciano en busca de un lugar de paseo, la destreza un tanto afectada con que hacía maniobrar a su caballo, el del señor prefecto, por otra parte muy conocido por su difícil monta, y la seguridad con que lo montaba, que parecía indicar que lo acababa de comprar, hicieron impresión en muchas personas. «¿Quién puede ser este subteniente que en su primera aparición en la ciudad se permite el lujo de montar un caballo de mil escudos?».


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