Rojo y blanco
Rojo y blanco Este breve discurso fue impreso sobre la marcha en veinte mil ejemplares. Se tuvo incluso la idea de traer una prensa de imprimir a la plaza vecina a la sala donde tenÃa lugar la votación. Los agentes de la prefectura no se atrevieron a aproximarse a la prensa ni a intentar poner obstáculo alguno a la difusión del corto discurso. Aquel espectáculo impresionó el espÃritu de todos los presentes y contribuyó a calmarlos. Leuwen, que se paseaba osadamente por todas partes, no fue insultado aquel dÃa; comprobó que la multitud tenÃa conciencia de su fuerza. De no ser empleando la metralla, nada podÃa tener efecto alguno sobre ella.
«Éste es el pueblo realmente soberano», se dijo.
De vez en cuando regresaba al piso de observación. La opinión del capitán Méniére era de que ninguno de los candidatos obtendrÃa la mayorÃa.
A las cuatro, el prefecto recibió un despacho telegráfico, en el que se le ordenaba entregara los votos de que dispusiese al candidato designado por el general Fari o Leuwen. El prefecto no dijo nada ni a uno ni a otro. A las cuatro y cuarto Leuwen recibió otro cable en el mismo sentido.
Al enterarse de su contenido, Coffe exclamó:
Algo menos de suerte, pero que llegue antes[4]…
Al general le encantó aquella cita y se la hizo repetir.