Rojo y negro
Rojo y negro Mientras la señora de Rênal era presa de lo más cruel de la pasión terrible en que la había hecho internarse la casualidad, Julien iba camino adelante alegremente rodeado de los aspectos más hermosos que puedan brindar los paisajes de montaña. Tenía que cruzar la extensa cadena que está al norte de Vergy. El sendero por el que caminaba, que va subiendo poco a poco entre grandes bosques de hayas, serpentea en interminables zigzags por la ladera de la elevada montaña que delimita al norte el valle del Doubs. No tardaron las miradas del viajero, pasando por encima de los collados menos altos que acotan el cauce del Doubs por el sur, en abarcar las fértiles llanuras de Borgoña y de Beaujolais. Por muy insensible que fuera el alma de ese joven ambicioso a esta clase de belleza, no podía por menos de detenerse de vez en cuando para contemplar un espectáculo tan anchuroso e imponente.