Rojo y negro

Rojo y negro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Pero, de pronto, Julien se sintió feliz; tenía una razón para decir que no. «¡Cómo, voy a perder cobardemente siete u ocho años! Y de esa forma me pondría en los veintiocho años. Pero ¡a esa edad, Bonaparte había hecho ya lo más importante! Cuando haya ganado de forma oscura algún dinero yendo de subasta de madera en subasta de madera y consiguiendo el favor de unos cuantos pícaros subalternos, ¿quién me dice que todavía tendré ese fuego sagrado con el que te haces un nombre?»

A la mañana siguiente, Julien le contestó con mucha sangre fría al buen Fouqué, quien consideraba la asociación como cosa hecha, que su vocación por el sagrado ministerio de los altares no le permitía aceptar. Fouqué no salía de su asombro.

—Pero ¿te das cuenta de que te hago socio o de que, si lo prefieres, te doy cuatro mil francos anuales? —le repitió—. Y ¡quieres volverte a casa del señor de Rênal ese que te desprecia como desprecia el barro de sus zapatos! Cuando tengas doscientos luises a tu disposición, ¿quién te impide irte al seminario? Y voy a decirte más: me encargo de conseguirte la mejor parroquia de la comarca. Porque —añadió Fouqué, bajando un poco la voz— le suministro la leña al señor… al señor… y al señor… Les doy roble de primera calidad y me lo pagan como pino, pero nunca hubo dinero mejor invertido.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker