Rojo y negro
Rojo y negro Le llamó la atención la extremada turbación con que oyó la señora de Rênal el conciso relato de su viaje, que le había pedido.
Fouqué había tenido proyectos de matrimonio y amores desdichados; las conversaciones de ambos amigos había estado llenas de extensas confidencias al respecto. Tras haber hallado la dicha demasiado pronto, Fouqué se había dado cuenta que no era él el único a quien querían. Todos esos relatos dejaron asombrado a Julien; se había enterado de muchas cosas nuevas. Su vida solitaria, compuesta toda ella de meditación y desconfianza, lo había alejado de cuanto pudiera iluminarlo.
En su ausencia, la vida no había sido para la señora de Rênal sino una sucesión de tormentos varios, pero todos ellos intolerables; estaba enferma de verdad.
—Ante todo —le dijo la señora Derville al ver llegar a Julien— y, dado que estás indispuesta, esta noche no vas a ir al jardín; el aire húmedo empeoraría tu dolencia.