Rojo y negro
Rojo y negro Pero, en los momentos más dulces, víctima de un extraño orgullo, siguió pretendiendo interpretar el papel de un hombre acostumbrado a subyugar a las mujeres; esforzó la atención de forma increíble para estropear cuanto en él pudiera haber de amable. En vez de estar pendiente de los arrebatos que hacía nacer y de los remordimientos que aliñaban su vehemencia, no dejó ni por un momento de tener presente el deber. Temía un remordimiento atroz y un ridículo eterno si se apartaba del modelo ideal que se proponía seguir. En pocas palabras, lo que convertía a Julien en un ser superior fue precisamente lo que le impidió disfrutar de la dicha que se le brindaba. Una muchacha de dieciséis años que tiene unos colores adorables y, para ir al baile, comete la locura de ponerse colorete.
Mortalmente asustada ante la aparición de Julien, no tardó la señora de Rênal en ser presa de los más crueles temores. Los lágrimas y la desesperación de Julien la conturbaban muchísimo.