Rojo y negro

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Capítulo XVI. El día siguiente

He turn’d his lip to hers, and with his hand

Call’d back the tangles of her wandering hair.[14]

Don Juan, canto I, estrofa 170

Afortunadamente para la buena fama de Julien, la señora de Rênal había estado demasiado trastornada y demasiado asombrada para percatarse de la necedad del hombre que, en un instante, se había convertido para ella en el mundo entero.

Cuando lo estaba instando a que se fuera, al ver que apuntaba el día, diciendo: «¡Ay, Dios mío! ¡Si mi marido ha oído algún ruido estoy perdida!», Julien, a quien le había dado tiempo a hacer frases, recordó la siguiente:

—¿Lamentaría perder la vida?

—¡Ay, ahora mismo mucho! Pero no lamentaría haberlo conocido.

A Julien le pareció que le iba la dignidad en volver a su cuarto deliberadamente a plena luz del día y de forma imprudente.

La continua atención con que examinaba sus mínimos actos con el loco propósito de parecer un hombre de experiencia no tuvo sino una ventaja: cuando volvió a ver a la señora de Rênal a la hora del almuerzo, su comportamiento fue una obra maestra de prudencia.


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