Rojo y negro
Rojo y negro —Pero —decÃa tÃmidamente la señora de Rênal— ¿en qué puede perjudicarlo ese señor de ParÃs ya que administra usted los bienes de los pobres con la probidad más escrupulosa?
—Solo viene a derramar reprobación; y luego mandará poner artÃculos en los periódicos del liberalismo.
—Si no los lee nunca, mi buen amigo.
—Pero nos hablan de esos artÃculos jacobinos; todas esas cosas nos distraen y nos impiden hacer el bien[2]. En lo que a mà se refiere, nunca se lo perdonaré al párroco.