Rojo y negro
Rojo y negro Aquel fruncimiento de cejas o, más bien, el remordimiento por su imprudencia, fue el primer fracaso que padeció la ilusión que impulsaba a Julien. Se dijo: «Es buena y dulce; me tiene muchÃsima afición; pero la han educado en el bando enemigo. Deben de temer sobre todo a esa clase de hombres de bien que, tras una buena educación, no tiene dinero bastante para entrar en una carrera. ¡Qué serÃa de los nobles esos si nos fuera dado competir con ellos con igualdad de armas! ¡Yo, por ejemplo, alcalde de Verrières, con buenas intenciones, honrado, como lo es en el fondo el señor de Rênal! ¡EcharÃa al vicario, al señor Valenod y todas sus bribonadas! ¡PrevalecerÃa la justicia en Verrières! ¡No serÃa su talento lo que me supusiera un obstáculo! Van siempre a tientas.»