Rojo y negro
Rojo y negro La casa empezó a llenarse de tapiceros; Julien estuvo mucho rato al acecho de la ocasión de decirle unas palabras. Por fin se la encontró cuando salía del cuarto de él llevándose uno de sus trajes. Estaban solos; quiso hablarle. Ella salió corriendo en vez de atenderlo. «Qué necio soy queriendo a esta mujer; la ambición la trastorna tanto como a su marido.»