Rojo y negro
Rojo y negro Esa misma tarde a última hora, el señor de Rênal recibió de la ciudad, junto con el periódico, un extenso anónimo que lo ponía al tanto, con el mayor detalle, de lo que ocurría en su casa. Julien lo vio ponerse pálido mientras leía la carta, escrita en papel azulado, y lanzarle miradas aviesas. En toda la velada, el alcalde no se recobró de su turbación y en vano quiso Julien congraciárselo pidiéndole aclaraciones acerca de la genealogía de las mejores familias borgoñonas.