Rojo y negro
Rojo y negro ¡Ay, querido amigo mÃo, vamos a estar separados quince dÃas o a lo mejor un mes! Te hago justicia, sÃ, sufrirás tanto como yo. Pero, en fin, es la única forma de evitar el golpe de ese anónimo; no es la primra vez que mi marido recibe uno, y también referido a mÃ. Cuánto me reÃa, ¡ay!
Todo lo que pretendo con esa forma de comportarme es que mi marido piense que la carta le viene del señor Valenod; no me cabe duda de que él sea el autor. Si te vas de casa, no dejes de ir a instalarte en Verrières. Me las arreglaré para que a mi marido se le ocurra pasar allà quince dÃas, para demostrarles a los necios que él y yo no estamos tirantes. Cuando estés en Verrières, hazte amigo de todo el mundo, incluso de los liberales. Sé que todas esas señoras andan detrás de ti.
No se te ocurra reñir con el señor Valenod, ni cortarle las orejas, como dijiste un dÃa; al contrario, sé muy atento. Lo esencial es que en Verrières crean que vas a entrar en casa del Valenod, o de cualquier otro, para encargarte de la educación de los niños.