Rojo y negro
Rojo y negro Todas esas arterÃas suyas son cosa sabida; pero las personas que tienen interés en impedirlas están avisadas. Por un resto de amistad por usted, la animo a apartarse del todo del campesinillo. Si tiene la sensatez suficiente para hacerlo, su marido pensará que el aviso que ha recibido es un engaño y lo dejaremos seguir en el error. Piense que soy dueño de su secreto; tiemble, desdichada; en el punto en que estamos tiene que andar derecho conmigo.
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En cuanto acabes de pegar las palabras de que se compone esta carta (¿has reconocido la forma de hablar del director?), sal de tu cuarto y nos veremos.
Iré al pueblo y volveré con cara alterada; efectivamente lo estaré mucho. ¡Santo Dios, cuánto me juego y todo porque has creÃdo intuir un anónimo! Finalmente, con la cara descompuesta, le daré a mi marido esta carta, que me habrá entregado un desconocido. Tú vete a pasear por el camino de los bosques con los niños y no vuelvas hasta la hora del almuerzo.
Desde lo alto de las rocas puedes ver la torre del palomar. Si nuestros asuntos marchan bien, pondré un pañuelo blanco; en caso contrario, no habrá nada.