Rojo y negro
Rojo y negro »Si no mato a mi mujer y la expulso de forma ignominiosa, tiene a su tÃa de Besançon, que le legará en vida toda su fortuna. Mi mujer se irá a vivir a ParÃs con Julien; se sabrá en Verrières y otra vez volverán a burlarse de mÃ.» Este hombre desventurado se dio cuenta entonces, al ver tan pálida la luz de la lámpara, de que empezaba a apuntar el dÃa. Fue al jardÃn a buscar un poco de aire fresco. En ese instante estaba casi decidido a no dar un escándalo, sobre todo por esa idea de que un escándalo colmarÃa de júbilo a sus excelentes amigos de Verrières.
El paseo por el jardÃn lo serenó un tanto. «No —exclamó—, no pienso quedarme sin mi mujer, me resulta de muchÃsima utilidad.» Se imaginó con espanto qué serÃa de su casa sin su mujer; no tenÃa más pariente femenina que la marquesa de R., vieja, imbécil y mala.