Rojo y negro
Rojo y negro —Ese campesinillo que hemos colmado de atenciones e incluso de regalos será inocente —dijo por fin—, pero no por eso deja de haber dado ocasión a la primera afrenta que se me ha hecho… ¡Señor mÃo! Cuando leà este papel abominable me prometà que o él o yo saldrÃamos de su casa.
—¿También usted quiere organizar un escándalo para deshonrarme? Bastantes ronchas les levanta usted ya a muchos en Verrières.
—Es cierto, por lo general envidian el estado de prosperidad en que los aciertos de su administración han sabido situarlo a usted, a su familia y la ciudad… Bien, pues voy a animar a Julien a que le pida a usted licencia para ir a pasar un mes a casa de ese comerciante de madera de la montaña, digno amigo de este operario de poca monta.
—CuÃdese muy mucho de hacer tal cosa —respondió el señor de Rênal con bastante calma—. Lo que le exijo ante todo es que no hable con él. Lo harÃa con enfado y nos indispondrÃa a nosotros; ya sabe que ese caballerito anda siempre con la mosca detrás de la oreja.