Rojo y negro
Rojo y negro —Es uno de los nobles más distinguidos de la provincia —se apresuró a añadir la señora de Rênal—; si el rey tuviera libertad y pudiera hacer justicia a la estirpe, no cabe duda de que estarÃa en el senado, etc. Y ¿con esa posición tan espléndida quiere facilitarle a la envidia un hecho que comentar?
»Hablarle al señor Valenod de su anónimo es proclamar en toda Verrières, qué digo, en Besançon, por toda la provincia, que ese hombre de la clase media, a quien un Rênal admite, quizá de forma imprudente, en su intimidad, ha dado con la forma de ofenderlo. Si esas cartas que acaba usted de encontrar por sorpresa probasen que yo correspondà al amor del señor Valenod, deberÃa usted matarme, lo habrÃa merecido cien veces, pero no mostrarse airado con él. Piense que todos nuestros vecinos no están sino a la espera de un pretexto para vengarse de su superioridad; piense que en 1816[19] tuvo usted que ver con ciertas detenciones. Aquel hombre que buscó refugio subiéndose a su tejado…
—Lo que pienso es que no tiene usted ni consideraciones ni amistad conmigo —exclamó el señor de Rênal con toda la amargura que le despertaba ese recuerdo—. Y ¡no me hicieron senador!