Rojo y negro
Rojo y negro Entre aquella corriente de personas que eran nuevas para Julien, le pareció encontrar un hombre cabal; era geómetra, se llamaba Gros y pasaba por jacobino. Como Julien había hecho voto de no decir nunca sino cosas que a sí mismo le sonaban a falsas, no le quedó más remedio que, en lo tocante al señor Gros, limitarse a esa sospecha. Le llegaban de Vergy abultados paquetes de ejercicios de traducción latina. Le aconsejaban que viera con frecuencia a su padre y se amoldaba a esa triste necesidad. En pocas palabras, le estaba echando bastante buenos remiendos a su reputación cuando una mañana se quedó no poco sorprendido al notar que lo despertaban dos manos que le cerraban los ojos.