Rojo y negro
Rojo y negro ¡Curioso efecto del matrimonio tal y como lo ha configurado el siglo XIX! El hastío de la vida matrimonial mata el amor con toda seguridad, cuando amor ha habido antes del matrimonio. Y, sin embargo, diría un filósofo, no tarda en traer consigo en las personas lo bastante ricas para no tener que trabajar el hondo hastío de todos los goces tranquilos. Y, entre las mujeres, no es solo a las almas áridas a las que deja de predisponer al amor.
La reflexión de este filósofo me mueve a disculpar a la señora de Rênal, pero en Verrières no la disculpaban; y la ciudad entera, sin que ella lo sospechara, no estaba pendiente sino del escándalo de sus amores. Debido a tan magno lance, aquel otoño los vecinos se aburrieron menos de lo que solían.
El otoño y parte del invierno pasaron muy deprisa. Hubo que alejarse de los bosques de Vergy. A la buena sociedad de Verrières estaba empezando a indignarla que sus anatemas le hicieran tan poca impresión al señor de Rênal. En menos de ocho días, personas serias, a quienes resarce de su habitual circunspección el gusto de llevar a cabo esas especies de misiones, le brindaron las sospechas más crueles, aunque recurriendo a las expresiones más ponderadas.