Rojo y negro
Rojo y negro —Ah, es con el padre Pirard con quien tengo el honor de estar hablando —dijo Julien con voz agonizante.
—Tal parece —contestó el director del seminario mirándolo malhumorado.
Los ojillos le brillaron más y vino luego un movimiento involuntario de los músculos de la comisura de los labios. Era la fisonomÃa del tigre que disfruta de antemano del gusto de devorar a la presa.
—La carta de Chélan es breve —dijo, como hablando consigo mismo—. Intelligenti pauca (Al inteligente, pocas cosas); en los tiempos que corren, nunca se queda uno corto al escribir.
Leyó en alta voz:
Le envÃo a Julien Sorel, de esta parroquia, a quien bauticé hace casi veinte años; hijo de un carpintero rico, pero que no le da nada. Julien será un jornalero notable en la viña del Señor. No carece ni de memoria ni de inteligencia, es capaz de reflexión. ¿Será duradera su vocación? ¿Es sincera?
—¡Sincera! —repitió el padre Pirard, con cara de asombro y mirando a Julien, pero en la mirada del sacerdote parecÃa haber algo más de humanidad—. ¡Sincera! —repitió, bajando la voz y reanudando la lectura.