Rojo y negro
Rojo y negro Ocho o diez seminaristas vivían en olor de santidad y tenían visiones como santa Teresa y san Francisco cuando recibió los estigmas en el monte Vernia, en los Apeninos. Pero era un gran secreto y sus amigos lo ocultaban. Esos pobres muchachos de las visiones estaban casi siempre en la enfermería. Alrededor de otros cien sumaban a una fe robusta una aplicación infatigable. Estudiaban tanto que se ponían malos, pero no aprendían gran cosa. Dos o tres se distinguían por un talento real y, entre otros, un tal Chazel; pero Julien sentía desapego por ellos; y ellos, por él.