Rojo y negro
Rojo y negro »¡Asà que la ciencia aquà no es nada! —se decÃa, despechado—; los progresos en el dogma, en la historia sagrada, etc., solo cuentan en apariencia. Todo cuanto dicen al respecto es con el propósito de que caigan en la trampa los locos como yo. ¡Mi único mérito, ay, residÃa en mis progresos veloces, en mi forma de tomarme todas esas faramallas! ¿Les tendrán en el fondo la estima que en verdad se merecen? ¿Opinan de ellas lo mismo que yo? Y ¡estaba cometiendo la necedad de sentirme orgulloso de ello! Estos primeros puestos que siempre consigo me han servido solo para ganarme enemigos encarnizados. Chazel, que sabe más que yo, siempre mete en sus trabajos alguna torpeza palurda que lo relega al quincuagésimo puesto; cuando consigue el primero es porque se ha distraÃdo. ¡Ah, que útil me habrÃa resultado una palabra, una sola palabra del padre Pirard!»