Rojo y negro
Rojo y negro «Pero ¿adónde quiere ir a parar este hombre con toda esa prenderÃa? —pensaba Julien—. Lleva un siglo con esta preparación tan hábil y nada asoma. ¡Mucho tiene que desconfiar de mÃ! Es más hábil que todos los demás, a quienes se les adivina en quince dÃas la finalidad secreta. Ya lo entiendo, ¡la ambición de este lleva padeciendo quince años!»
Una noche, en plena clase de armas, llamaron a Julien para que fuera a ver al padre Pirard, quien le dijo:
—Mañana es el Corpus Christi. El padre Chas-Bernard lo necesita para ayudarlo a adornar la catedral: vaya y obedezca.
El padre Pirard volvió a llamarlo y, con aire compasivo, añadió:
—Usted sabrá si quiere aprovechar la ocasión para perderse por la ciudad.
—Incedo per ignes —contestó Julien (tengo enemigos ocultos).