Rojo y negro
Rojo y negro Los tañidos tan graves de esa campana no habrían debido despertar en Julien sino la idea del trabajo de veinte hombres que cobraban cincuenta céntimos y a quienes ayudaban quizá quince o veinte fieles. Habría debido pensar en el desgaste de las cuerdas, en el del maderamen, en el peligro de la propia campana, que se desprende cada dos siglos, y cavilar en la forma de pagar menos a los campaneros, o retribuirlos con alguna indulgencia o cualquier otra merced sacada de los tesoros de la iglesia y que no le vaciara la bolsa.