Rojo y negro
Rojo y negro —En tiempos del otro en buena hora: un albañil llegaba a oficial, llegaba a general, cosas asà se han visto.
—¡Vete a ver ahora! Solo se van los muertos de hambre. Los que tienen posibles se quedan en su tierra chica.
—Quien nace pobre, pobre se queda. ¡Y ya está!
—Y¿es verdad eso que dicen de que el otro se ha muerto? —añadió un tercer albañil.
—Eso es la gente gorda quien lo dice, ¿sabes? Al otro le tenÃan miedo.
—¡Menuda diferencia de cómo andaban las cosas en su época! ¡Y pensar que lo traicionaron sus mariscales! ¡Hay que ser traidor!
Esta conversación consoló un tanto a Julien. Al alejarse, iba repitiendo con un suspiro:
¡Tan solo de ese rey guarda el pueblo memoria!
Llegó la temporada de los exámenes. Julien respondió con brillantez; vio que el propio Chazel intentaba mostrar todo lo que sabÃa.