Rojo y negro
Rojo y negro Un dÃa, recibió este una notita que, por un asunto urgente, lo instaba a acudir de inmediato a una posada de los arrabales de Besançon. Se encontró allà al intendente del señor de La Mole.
—El señor marqués me ha encargado que le traiga su calesa —le dijo aquel hombre—. Tiene la esperanza de que, después de leer esta carta, le parecerá oportuno salir para ParÃs pasados cuatro o cinco dÃas. Voy a destinar el tiempo que usted tenga a bien indicarme a recorrer las tierras que tiene el señor marqués en el Franco Condado. Luego, el dÃa que a usted le convenga, saldremos para ParÃs.
La carta era breve:
QuÃtese de encima, mi querido padre, todos los engorros provincianos y venga a respirar un ambiente sosegado en ParÃs. Le envÃo mi coche, con la orden de esperar cuatro dÃas la decisión que quiera usted tomar. Yo lo esperaré en ParÃs hasta el martes. Solo necesito un sà suyo, padre, para aceptar en su nombre una de las mejores parroquias de las inmediaciones de ParÃs. El más acaudalado de sus futuros feligreses no lo ha visto en la vida, pero no sabe usted hasta qué punto es su más devoto partidario: se trata del marqués de La Mole.