Rojo y negro
Rojo y negro —Este está muy espabilado, se lo puedo asegurar a su ilustrÃsima, y trae una gran noticia: la dimisión del único jansenista que quedaba en la diócesis. Ese tremendo padre Pirard por fin ha entendido lo que tenÃa que entender.
—Pues lo desafÃo a que lo sustituya por alguien que valga lo que vale él —dijo el obispo, riéndose—. Y para demostrarle cuánto vale ese hombre lo invito a cenar mañana.
El vicario general quiso insinuar algo acerca de la elección del sucesor. El prelado, poco dispuesto a hablar de trabajo, le dijo:
—Antes de meter a otro, sepamos cómo sale este. Que venga el seminarista; la verdad está en boca de los niños.
Llamaron a Julien. «Voy a verme entre inquisidores», pensó. Nunca se habÃa sentido con más valor.