Rojo y negro
Rojo y negro —No hable en latÃn y repita las propias palabras de su ilustrÃsima, sin añadir nada ni comerse nada.
Y decÃa, hojeando el espléndido Tácito, cuyos cantos dorados parecÃan espantarlo:
—¡Qué regalo tan raro de un obispo a un seminarista joven!
Estaban dando las dos cuando, tras una relación muy detallada, permitió a su alumno favorito regresar a su cuarto.
—Déjeme el primer tomo de su Tácito, donde está la dedicatoria del señor obispo —le dijo—. Esa lÃnea en latÃn será su pararrayos en esta casa cuando yo me haya ido.
Erit tibi, fili mi, sucesor meus tanquam leo quærens quem devoret. (Pues para ti, hijo mÃo, mi sucesor será como un león furioso, que intentará devorarte.)