Rojo y negro
Rojo y negro —¿Qué está haciendo tu marido? —dijo Julien.
—Pone por escrito proyectos de venta con los labriegos.
Pero ya habÃan dado las ocho y habÃa mucho ruido en la casa. Si no hubieran visto a la señora de Rênal la habrÃan buscado por todas partes; no le quedó más remedio que dejarlo. No tardó en volver, contraviniendo la más elemental prudencia, para traerle una taza de café; temÃa que se muriese de hambre. Después del almuerzo, consiguió llevar a los niños bajo la ventana de la habitación de la señora Derville. Julien los encontró muy crecidos, pero ahora tenÃan un aspecto vulgar, o les habÃan cambiado las ideas. La señora de Rênal les habló de Julien. El mayor contestó con afecto y echando de menos al antiguo preceptor; pero resultaba que los pequeños lo habÃan olvidado casi del todo.