Rojo y negro
Rojo y negro »En París estaba cansado de esa comedia superflua a la que obliga eso que llamáis civilización del siglo XIX. Estaba sediento de campechanía y de sencillez. Compro una finca en las montañas, cerca del Ródano, nada hay más hermoso bajo la capa del cielo.
»El vicario del pueblo y los hidalguillos del vecindario se pasan seis meses bailándome el agua; les doy de almorzar. “Me he ido de París —les digo— para ni hablar ni oír hablar en la vida de política. Como ven ustedes no estoy suscrito a ningún periódico. Cuantas menos cartas me trae el cartero, más contento estoy.”