Rojo y negro
Rojo y negro —Tu emperador ¡que el diablo cargue con él!, solo fue grande en los campos de batalla —replicó el hombre de cuarenta y cuatro años— y cuando remedió las finanzas allá por 1802. ¿Qué significa todo su comportamiento posterior? Con sus chambelanes, su pompa y sus recepciones en Les Tuileries, dio una nueva edición de todas las sandeces monárquicas. Ya estaba enmendada y hubiera podido aguantar otro siglo, o dos. Los nobles y los sacerdotes quisieron volver a la antigua, pero no tienen la mano de hierro necesaria para despachársela al público.
—¡Cómo se nota que está hablando uno que fue impresor!
—¿Quién me expulsa de mi finca? —siguió diciendo el impresor, airado—. Los sacerdotes que Napoleón volvió a traer con su concordato, en vez de darles el trato que les da el Estado a los médicos, a los abogados y a los astrónomos y no considerarlos sino como ciudadanos, sin preocuparse por la industria con que pretenden ganarse la vida. ¿HabrÃa hoy en dÃa nobles insolentes si tu Bonaparte no hubiera creado barones y condes? No; ya se habÃa pasado esa moda. Después de los sacerdotes, son los hidalguillos rurales los que me pusieron de peor humor y me obligaron a hacerme liberal.