Rojo y negro
Rojo y negro Durante la cena, Julien no se atrevía a mirar a la señorita de La Mole, pero ella tuvo la bondad de dirigirle la palabra. Ese día estaban esperando a mucha gente, y lo animó a que se quedase. A las jóvenes de París no les gustan nada las personas de cierta edad, sobre todo cuando van descuidadas. Julien no había necesitado mucha sagacidad para darse cuenta de que a los colegas del señor Le Bourguignon, que se quedaban en el salón, les cabía el honor de ser el tema habitual de las bromas de la señorita de La Mole. Aquel día, hubiese o no afectación por su parte, fue cruel con los aburridos.