Rojo y negro
Rojo y negro —El nombre del señor Descoulis pasará a la Historia —siguió diciendo el marqués—; hizo la Restauración con el padre De Prad y con los señores de Tayllerand y Pozzo di Borgo.
—Ese hombre ha manejado millones —dijo Norbert— y no me cabe en la cabeza que venga aquà a embolsarse los zaherimientos de mi padre, que suelen ser abominables. «¿Cuántas veces ha traicionado a sus amigos, mi querido Descoulis?», le decÃa el otro dÃa a voces de punta a punta de la mesa.
—Pero ¿es cierto que haya cometido traiciones? —dijo la señorita de La Mole—. ¿Quién no ha cometido traiciones?
—¡Cómo! —dijo el conde de Caylus a Norbert—, ¡ahà está el señor Sainclair, el célebre liberal! Y ¿a qué demonios viene a esta casa? Tengo que acercarme a él, que hablarle, que conseguir que me hable, dicen que tiene tanto ingenio.
—Pero ¿cómo lo va a recibir tu madre? —dijo el señor de Croisenois—. Tiene unas ideas tan extravagantes, tan generosas, tan independientes…
—FÃjese —dijo la señorita de La Mole—, ahà tiene al hombre independiente haciéndole una reverencia hasta el suelo al señor Descoulis y cogiéndole la mano. He creÃdo casi que se la iba a llevar a los labios.